domingo, 13 de agosto de 2017

El huevo o la gallina, ¿recursos o innovación?

Leo, por un lado, propuestas innovadoras desde distintos vértices del panorama educativo que centran su foco de atención, me parece, en lo que el profesorado y los centros pueden hacer por mejorar el sistema. Obviamente, profesorado y centros son agentes fundamentales del sistema educativo, los cuales deberían liderar cualquier proceso de cambio metodológico y de gestión en las aulas pero, se me ocurre, ¿qué hay de las administraciones educativas? Y es que me da la sensación que muchas de estas propuestas se olvidan que el día a día de los centros y del profesorado está altamente condicionado por una cuestión elemental: los recursos disponibles. Recursos humanos, pero también tecnológicos y, ya sé que está feo hablar de dineros, quizá sobre todo económicos.

Leo, por otro lado, críticas furibundas a estas propuestas innovadoras por distintas cuestiones: estar sometidas a intereses privados, atentar contra la libertad de cátedra, mercadear con el profesorado, carecer de estudios y evidencias científicas que respalden las propuestas metodológicas planteadas y, a veces, por querer avanzar más rápido de lo necesario. "Primero gestión y luego, ya si eso, innovación" parecen decir. Y lo mismo no les falta razón.

No obstante, se me ocurre que, quizá, ni tanto ni tan calvo. Me explico. Plantear un nuevo paradigma educativo sin el sostén de la administración (insisto, sobre todo presupuestario) se me antoja aventurado, cierto, lo cual no significa que sin su apoyo no puedan llevarse a cabo propuestas de interés. De hecho, es lo que muchos centros llevamos haciendo desde tiempos inmemoriales, aunque alguno de esos flamantes promotores innovadores lo ponga en duda de manera constante. Dicho esto último sin acritud, por supuesto.😜 

Por otro lado, negar por sistema cualquier propuesta innovadora poniendo en duda su validez a causa de su procedencia tampoco me interesa demasiado. Desconfío, por sistema, de los grandes grupos e intereses que capitanean algunos de estos movimientos pero, por contra, quiero mantener una confianza plena en los miles de docentes que, bajo tal o cual marca, están trabajando intensamente y con enorme ilusión para llevar a cabo importantes transformaciones en sus centros. Me parece que el prototipo de docente-lemming que abraza la causa innovadora con fervor incuestionable, aun existiendo, no es representativo de un colectivo mucho más amplio y complejo de lo que se describe desde ciertas tribunas. Eso sí, coincido plenamente en la crítica al paparruchismo innovador y acrítico presente en muchos foros educativos y, sobre todo, en la necesidad de poner a la administración educativa a dirigir de manera consensuada el proceso de cambio y transformación educativa.

¿Respuestas? Ninguna, como siempre. Eso sí, una certeza: desde la trinchera el diálogo se vuelve imposible. Así pues, lo mismo nos interesa ponernos manos a la obra para crear espacios de encuentro y de debate. Sabiendo que suena naif e ingenuo, no se me ocurre otra cosa para evitar que, todavía más, unos vayamos por un lado y otros por otro. ¿Recursos o innovación? Responde tú, anda.


domingo, 6 de agosto de 2017

Educación en modo avión

Estos días de vacaciones más de uno, sentado en su butaca después de infinitos controles de seguridad, trasteará en su móvil para cumplir con las clásicas instrucciones de la compañía de turno antes del despegue: "Pongan sus dispositivos electrónicos en modo avión y sus respaldos en posición vertical". Como todo el mundo sabe, el modo avión es esa función  incorporada por los fabricantes para cumplir con las normativas aéreas y que desactiva todas aquellas funciones que puedan provocar interferencias con los sistemas de navegación, básicamente todas relacionadas con aspectos de conectividad (WiFi, red móvil del dispositivo o el GPS). Vamos, que el móvil deja de estar conectado. Creo que no durará mucho, ya que cada vez más vuelos incorporan wifi a bordo pero, hoy en día, el modo avión es todavía una realidad.

En los últimos tiempos, el panorama educativo anda un pelín revuelto. Revuelto para bien,  quiero pensar. Desde distintos flancos han surgido iniciativas de "renovación pedagógica" de distintas características que han relanzado el debate educativo sobre la práctica metodológica y sobre la necesidad de incorporar nuevas líneas de gestión en los centros educativos. Desde fundaciones e instituciones privadas, en mucho casos vinculadas al sector bancario y a potentes grupos empresariales, hasta (lógicamente) el sector editorial, pasando por distintas agrupaciones de escuelas religiosas o por alianzas entre entidades y escuelas, aparecen numerosas iniciativas de formación del profesorado, materiales específicos de trabajo y, en último término, una crítica feroz al "modelo de escuela tradicional" por desfasado, poco eficaz y atrasado.

Señala Rosa Cañadell en su acertado artículo ¿Quién manda en la educación? que estas diversas iniciativas renovadoras coinciden, en general, en cinco grandes críticas a la escuela tradicional. A saber: 1) La necesidad de formación del profesorado; 2) La necesidad de cambio metodológico; 3) El uso de las tecnologías de la información y la comunicación como elementos centrales del nuevo paradigma metodológico; 4)  La necesidad de ubicar al alumnado en el centro del proceso de aprendizaje; y 5) El impulso del espíritu emprendedor. Se trata, en definitiva, de propuestas y planteamientos, a priori, enormemente rompedores que dejan en evidencia al modelo educativo actual. En unos casos de manera más ácida y en otros de modo más sibilino, desde estos movimientos renovadores se describe un panorama educativo general desconectado de las necesidades del alumnado y, de rebote, también del profesorado. Un panorama donde el sistema y concretamente, el profesorado, parece no estar a la altura de los tiempos. En definitiva, un sistema educativo en "modo avión", paralizado y desconectado de su tiempo.

Parece evidente que el sistema educativo en su conjunto presenta un amplio margen de mejora. Faltaría más. No se trata aquí de negar las necesidades de cambio de un modelo seguramente muy mejorable en algunos aspectos. No obstante, poco hincapié hacen estos movimientos en la cuestión presupuestaria y de asignación de recursos; poco hincapié se hace también, me da la sensación, en la situación de desigualdad notable entre centros de distintas comunidades e, incluso, de distintos barrios. Por otro lado, seguramente es cierto que existen profesionales y centros en "modo avión", no tengo ninguna duda. A pesar de ello creo que, en general, el sistema educativo se mueve. Los centros y los profesionales que trabajan en ellos buscan respuestas y ofrecen soluciones de manera activa a los problemas y necesidades de sus comunidades educativas. Creo, en definitiva, que ese modelo tradicional, esa educación en modo avión que se describe desde distintos foros ni existe, ni ha existido nunca.

Eso sí, existen notables problemas en el sistema educativo la resolución de los cuales pasa por el trabajo conjunto y en sintonía entre todos los agentes del mismo. Y en especial de las administraciones educativas, las cuales deben dotar de recursos y de un marco laboral y de gestión óptimo para el desarrollo de nuevas líneas de trabajo. No puede ser que la formación del profesorado, por ejemplo, dependa del voluntarismo de los claustros. No puede ser que exista una improvisación constante, véase la cuestión de las no-reválidas, y una clara limitación de recursos, véase el tema de los presupuestos menguantes. En fin, que bien haremos en dejarnos de barreras y de trincheras y en ponernos, todos a una, a arrimar el hombro para hacer avanzar un sistema que seguro que necesita un impulso, cierto, pero que está lejos de estar paralizado como se plantea desde ciertas tribunas. Mientras tanto, bien harían algunos en aprovechar los altavoces mediáticos de los que disponen para instar a las administraciones públicas a encabezar este proceso de mejora y cejar en la crítica a un modelo educativo que, quizá, solo exista en el imaginario colectivo de unos cuantos. ¿Educación en modo avión? Quizá no sea para tanto...

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sábado, 1 de julio de 2017

Out of the office

Después de mucho trabajo y de mucho disfrute, todo hay que decirlo, cerramos el chiringuito y nos vamos de vacaciones, que nos las hemos ganado. Disfrutad de los días de fiesta que tengáis, si eres profe de tus tres meses de vacaciones, y lo de siempre: ¡nos vemos en unas semanas DE VUELTA! 


martes, 27 de junio de 2017

Haciendo inventario

Se acaba el curso y toca hacer valoración final del mismo. Los finales de etapa siempre son una buena ocasión para hacer inventario general de logros pero también de deberes pendientes. No obstante, no quisiera hacer tanto un repaso de los distintos proyectos llevados a cabo (están todos en Mare Vostrum, nuestro blog de aula) como de las sensaciones que el fin del año académico me deja en relación con los objetivos planteados en el mes de septiembre (véase Ahora que empezamos...) En fin, un autoajuste de cuentas para señalar todo lo aprendido y lo no conseguido a lo largo de este curso 2016-2017.

El primer lugar, estoy muy contento del trabajo colaborativo desarrollado tanto en el centro como en el aula. Como claustro hemos llevado a cabo importantes proyectos de manera conjunta que han tenido un impacto brutal en nuestro entorno. Pienso, sobre todo, en la coordinación de la campaña de donación de sangre de abril y en el proyecto de prácticas profesionales dentro del curso de graduado en educación secundaria para personas adultas (véase Proyectos que cambian las cosas). Se trata de iniciativas que considero que hablan muy bien de nosotros como claustro, así que ahí queda eso. Además, también hemos continuado con iniciativas conjuntas de formación entre iguales y seguimos ideando y proyectando propuestas para el curso que viene. En cuanto al aula, pues más de lo mismo. El ambiente ha sido, salvo contadísimas excepciones, muy positivo y ello nos ha permitido concretar proyectos que creo que son muy interesantes y que han generado un notable aprendizaje entre el alumnado.

Por otro lado, y es siempre una de mis obsesiones, hemos salido del aula, aunque quizá menos de lo que nos habíamos planteado en un principio. Si bien es cierto que hemos abierto el centro a nuevas propuestas y agentes, puede ser que nos haya faltado pisar más la calle para aprovechar más recursos educativos y formativos del entorno. No  obstante, hemos establecido sinergias con instituciones educativas de la zona, hemos visitado espacios más que interesantes y hemos abierto una vía de colaboración muy potente con las empresas del territorio, así que creo que podemos darnos por satisfechos.

También hemos "hecho cosas". Me refiero a que gran parte del trabajo en el aula lo hemos enfocado desde un punto de vista activo y práctico. Así pues, hemos creado webs, rutas turísticas, cortos, mapas, guías de viaje, obras de arte... ¡Hemos inventado hasta nuevos países! Aún teniendo muchísimo margen de mejora, creo que se trata de una manera de enfocar el aprendizaje que contribuye a potenciar la autonomía y la iniciativa personal del alumnado. Además, intuyo que resulta también una buena manera de motivar a estudiantes notablemente disruptivos y muy contrarios a metodologías de aprendizaje más dirigidas.

Manteniendo mis eternas dudas en el ámbito de la evaluación, creo haber dado solución a algunos retos surgidos en años anteriores. Para ello, sentido común al poder, he tratado de simplicar los procesos, decidir los aspectos realmente importantes a evaluar, consensuarlos con el alumnado y clarificar todo lo clarificable con los estudiantes. Hemos usado rúbricas, coevaluación, algunas pruebas -aunque más bien pocas-, tutorías individualizadas... En fin, varias herramientas pero siempre al servicio de lo realmente importante: el trabajo y el aprendizaje del alumnado. 

Además, hemos seguido visibilizando la educación de personas adultas publicando nuestras actividades, participando en cuantos eventos nos han invitado y presentando nuestras experiencias en distintos ámbitos. Y ahí seguiremos, haciéndonos pesados para ganar cada vez mayor protagonismo y fuerza para reivindicar las urgentes necesidades de la educación permanente.

Y, por último, hemos iniciado un proceso de formación en atención a las necesidades educativas especiales que esperemos que empiece a dar sus frutos durante el curso que entra. Cada vez contamos con más estudiantes con perfiles especiales por lo cual debemos (y queremos) tratar de ofrecer un servicio de calidad para todo el alumnado de nuestro centro. Avanzamos despacio pero afianzando estrategias eficaces, espero.

En definitiva, un año de muchísimo trabajo pero de resultados muy positivos. Para el año que viene, más y mejor. Y a ti ¿cómo se te ha dado el año en tu centro? ¡Coméntalo por aquí, anda! ;)





lunes, 26 de junio de 2017

¿Qué narices aprenden?

La pregunta viene a cuento del último proyecto trabajado este año en el área de ciencias sociales. Durante este trimestre hemos llevado a cabo el proyecto Un paseo por la historia del Penedès Marítim en las asignaturas de historia del curso de graduado en educación secundaria para personas adultas. Se trata de un proyecto basado en la creación de una ruta por la historia universal a partir de distintos elementos del patrimonio del Penedès Marítim (básicamente, parte de la fachada litoral del Penedès: Cubelles, Cunit y Calafell).

Hemos trabajado de lo lindo, la verdad. En poco más de 20 horas cada estudiante ha elaborado un trabajo de análisis del elemento patrimonial asignado, una galería fotográfica del mismo, ha grabado y subido a Soundcloud su audioguía y ha creado la página de su punto de interés en Geo Aumentaty, la aplicación de realidad aumentada que hemos empleado para la elaboración de la ruta. Además, todas las audioguías han sido compiladas en un tríptico que hemos puesto a disposición de las oficinas de turismo de algunos de los municipios implicados. Para finalizar, todo este material ha sido depositado en el portafolios digital de cada alumno. Todo ello combinado con clases más tradicionales de presentación de contenidos y sus correspondientes concursos de repaso y evaluación. En fin, lo dicho, trabajazo al canto.

Ahora bien, llega el último día de clase y decidimos montar una ruta turística por algunos de los distintos elementos estudiados con la idea de que cada estudiante ejerciera de guía de su espacio. Y qué ocurre, que los resultados son muy, muy dispares. Tras excelentes, buenas y correctas exposiciones, existió un grupo de alumnos, no mayoritario pero sí significativo, que después de un intenso trabajo de varias semanas apenas recordaba nada del elemento de patrimonio trabajado. Así pues, incapaces de hacer una breve exposición, se limitaron a leer el material preparado para la audioguía.

Y no se trata de dificultades para hablar en público, ni del calor de junio (que lo hacía, y mucho), ni de cualquier otra cuestión. Se trata de que, después de un buen trabajo (salvo alguna excepción puntual, el rendimiento de todos ha sido realmente bueno), aquello que un servidor pretendía que quedara en sus mentes ha desaparecido, se ha volatilizado o quizá, de hecho, nunca ha llegado a estar ahí. Después de todo el esfuerzo de planificación, de definición de objetivos, de conceptualización de la propuesta, resulta que el aprendizaje, de existir, se ha ido por otro lado. 

Pero que nadie se confunda, no me caigo del guindo ahora, es una sensación ya conocida. Sé de sobras que una cosa es lo que supuestamente enseñamos y otra cosa es lo que ellos aprenden. Lo sé. Y sé también, que el aprendizaje no se trata de memorizar cuatro datos sobre un castillo o una casa de indianos. Además, que nadie se confunda, estoy muy satisfecho del trabajo y de los resultados generales del proyecto. Ahora bien, tampoco me parece demasiado ambicioso que, en condiciones normales, alguien pueda hacer una explicación de un par de minutos sobre un espacio en el que lleva trabajando semanas. Así pues, aún siendo una sensación ya conocida, es cierto que el otro día volví a tenerla muy presente después de la ruta. Me recuerdo despidiendo el curso almorzando con mis compañeras con la siguiente pregunta retumbando en mi cabeza: "Y después de todo, ¿qué cojones narices aprenden?"



miércoles, 21 de junio de 2017

El chiringuito educativo

Esto se acaba queridos colegas. Va llegando la hora de cerrar la paraeta pensando en disfrutar del chiringo estival. Un chiringuito en el que algunos seguirán inmersos en alguna que otra lectura educativa, otros tantos disfrutaran de curso veraniegos y la inmensa mayoría se quedará con la horchata u otras bebidas refrescantes de malta. Por no hablar de los frikis que seguimos de reojo los tuits del personal docente y no docente.

Lo bueno que tiene el chiringuito es que no se puede hablar de competencias básicas o profesionales, de flippeados o innovadores educativos. Cómo mucho, algún veraneante puede sacar a relucir el vídeo de Ken Robinson, lo mal que hablamos inglés por culpa de la escuela, el tema de los dichosos deberes o lo bien que vive el profesorado. En estos casos lo mejor es irse por la tangente, despotricar del sistema y rezar para que el tema derive en la última declaración de renta de Cristiano Ronaldo.

Aún así, si gustas de sentarte solo bajo la sombrilla del chiringuito, siempre puedes llevarte algún ensayo ligero o sesudo sobre educación que confirme tu estado de saturación docente. No es preciso hacer caso a los que te piden desconectar del trabajo; puedes forrar tu libro con alguna revista del corazón o camuflarlo entre las hojas del diario Marca. Eso sí, ubícate lejos de la barra y no se te ocurra saltar cuando oigas a algún progenitor saturado por pasar tantas horas con sus zagales.

Aunque bien pensado, ese chiringuito de manual, de sombra perpetua, tirador de cerveza fresquito y camarero tostado con camisa hawaiana puede convertirse en una auténtica pesadilla. Imagínate esa marabunta untada en cremas y aceites varios apretujados en la barra pidiendo con urgencia su consumición como si no hubiera un mañana; ese desfile de carnes tatuadas y bañadores estridentes (sí, estoy pensando en los marcapaquetes de colorines, o peor aún, ¡blancos!); esos cuñados arreglando el país alrededor de unas bravas de dudosa calidad; y, sobre todo, ese “Despasito” machacando tu cabeza sonando una y otra vez en el hilo musical del chiringo de turno. ¿A que ya no te parece tan sugerente la idea?

Pero tranquilos, docentes, siempre os quedarán los recuerdos imborrables de estas últimas semanas de clase. Semanas trabajando a 35 grados a la sombra, eso sí, pero tiempo bien aprovechado, sin duda. Cuando hayáis tocado fondo en la fase más gris de vuestra experiencia chiringuitera, acudid a esas imágenes imborrables de los últimos días de trabajo guardadas en vuestra memoria: alumnos tristes y deprimidos por acabar el curso; juntas de evaluación provechosas y rebosantes de aprendizaje por los cuatro costados; viajes de fin de curso con la respetuosa y educada chavalada de 16 años al fresquito del sur hispánico; o la burocracia propia del cierre académico, quizá un pelín excesiva, pero totalmente necesaria para el aprendizaje de nuestros estudiantes.

En fin, docente, que eres un privilegiado. Disfruta de tus dos meses de vacaciones y, sea como sea el chiringuito más cercano a tu morada, visítalo al menos un día durante este verano. Busca un rinconcito sombreado, pídete una copa -algo cargadita, si me permites el consejo- y dedica un ratín a pensar en todo lo bueno vivido durante el curso, que seguro que es mucho. Y después descansa, descansa todo lo que puedas, porque (y ahora nos ponemos serios) no tengo ninguna duda de que te lo has ganado. ¡Feliz verano!
 
PD: Este es otro de esos posts perpetrados con el amigo Óscar Boluda, autor de efepeando. ¡Te recomiendo, sin duda, que le eches un vistazo a su blog! 


sábado, 17 de junio de 2017

En busca del alumnado perdido

Se acerca la época de preinscripciones y en los centros de adultos ya empezamos a tomar posiciones para recibir a los futuros estudiantes del año que viene. Si bien es cierto que muchos centros de educación permanente, en especial los ubicados en grandes aglomeraciones urbanas, no tienen demasiados problemas con el volumen de matrículas, sí que existen muchas escuelas de adultos que están viendo mermadas sus listas de inscritos, con la consiguiente preocupación por el tema de ratios, plantillas y posibilidades de recortes varios.

Además, se trata de un tema especialmente preocupante en lo que se refiere a determinados colectivos. Cada territorio y cada realidad es un mundo, pero parece un hecho contrastado que, en general, existen necesidades formativas muy claras y definidas en la población adulta española. Me refiero, especialmente, a los cursos de alfabetización y de graduado en educación secundaria. Todavía existe un contingente importante de personas autóctonas pero, sobretodo, también llegadas de otros países, que requieren de un proceso de alfabetización. Es el llamado analfabetismo funcional, y hablamos de cerca de 700.000 personas en toda España. De estas, poco más de 10.000 están cursando algún estudio para dejar de serlo. Una cifra bastante reducida, la verdad. Por otro lado, el 19% de jóvenes entre 18 y 24 años abandonan prematuramente el sistema educativo habiendo completado como mucho el primer ciclo de secundaria. Es cierto que la tasa se va reduciendo paulatinamente (podríamos analizar cómo y por qué, aunque eso da para un par de posts, mínimo) pero todavía hablamos de un volumen de personas considerable.

Son dos perfiles clarísimos que, en muchas ocasiones, cuesta recuperar para el sistema. Hablaba hace semanas con compañeros de Palma de Mallorca y me comentaban que, estando ubicados en una zona de la ciudad con un importante colectivo de personas analfabetas, la demanda de formación en este sentido era prácticamente nula. Seguramente, podríamos enumerar muchos otros casos y perfiles diversos: idiomas, nuevas tecnologías, accesos a ciclos formativos y a la universidad... En fin, miles de plazas y cursos que quedan desiertos o infraocupados en contextos con necesidades formativas claras y evidentes.

Insisto en que cada centro (y cada ciudad) es un mundo. Existen realidades, contextos y limitaciones, cierto, muy diversas y, en este sentido, resulta imposible generalizar y ofrecer respuestas estandarizadas. No obstante, quizá sí que existen algunas líneas de trabajo que, cada escuela a su manera, podría abordar para conseguir acercarse a ese "alumnado perdido". Así pues, ¿qué podemos hacer desde los centros de adultos para atraer a los "perdidos"?

En primer lugar, podemos tratar de adaptar nuestra oferta a las necesidades del entorno. Es cierto que aquí, quizá, los centros municipales y/o privados pueden tener mayor margen de maniobra, pero creo que, en general, esta debe ser la principal aspiración de cualquier centro de formación de personas adultas que se precie: ofrecer la oferta formativa que necesita el barrio, el pueblo o la ciudad de turno. Y para ello necesitamos conocer nuestro contexto, hablar con las instituciones que lo forman y saber qué necesidades educativas existen para tratar, en la medida de lo posible, de darles respuesta.

Otra línea de trabajo puede ser "ir a buscar" al alumnado. Normalmente resulta mucho más efectivo moverse que esperar que los resultados lleguen por sí solos. En este sentido, de nuevo, el diálogo con el entorno resulta fundamental. Si tenemos un par o tres institutos de secundaria en nuestro distrito, quizá no sea mala idea reunirse con el equipo directivo para explicar nuestra oferta. Quizá, incluso, podamos realizar algunas sesiones informativas con aquellos grupos donde existan estudiantes potenciales. Igual ocurre en los casos de alfabetización: puede ser interesante hablar con los departamentos de inmigración y/o servicios sociales municipales para que nos ayuden a darnos a conocer. Podemos visitar también las asociaciones de vecinos, la biblioteca municipal, hogares de personas mayores... En definitiva, se trata de crear sinergias con aquellas instituciones y entidades donde habitan nuestros potenciales estudiantes para poder hacer llegar nuestra oferta.

En tercer lugar, como siempre, se trata de hacernos visibles. Considero que montar un plan de comunicación, adaptado a las necesidades y recursos de cada centro, es una tarea que debe abordarse sí o sí. Si contamos en el equipo con algún experto en la materia, perfecto. De lo contrario, con un poco de sentido común y planificación, también pueden lograrse resultados muy potentes. Visibilizar el centro pasa por trabajar la comunicación en la web, redes sociales varias y medios de comunicación, pero también en la señalización, actos abiertos a la ciudadanía, folletos, trípticos, etc. Hacernos (un pelín) pesados, vamos.

Por otro lado, podemos tratar de ofrecer algo más que un curso determinado. Se trata de que el alumnado sienta que no solo puede contar con el centro para sacarse la ESO o aprender a leer y a escribir, motivos de sobra válidos para dirigirse a un centro de adultos. No obstante, además de estas formaciones, deberíamos intentar ofrecer un clima agradable, un proyecto compartido y otro tipo de experiencias que complementen la propuesta cursada. Ello va a contribuir a reforzar la cohesión social del centro y a una percepción del mismo por parte de la comunidad educativa mucho más rica y atrayente.

Por último, y aquí pasamos al terreno de la administración, deberíamos iniciar un proceso que aporte prestigio a la educación para las personas adultas. Se trata de poner en valor la oferta desplegada por los centros de adultos, difundiendo su importancia y las enormes posibilidades que ofrecen. Igual que se realizan campañas de comunicación para otras etapas formativas, podría llevarse a cabo una política de visibilización de la educación permanente por parte de las instituciones educativas de turno. Además, algo más de autonomía y, ya puestos, mayores recursos (sobre todo personales) tampoco nos irían nada mal.

En fin, algunas ideas para acercarnos a ese alumnado que, quién sabe por qué, tenemos perdido. Seguro que en tu centro lleváis a cabo otras propuestas para conseguirlo. ¿Por qué no las compartes en comentarios? ;)